lunes, 25 de mayo de 2026

Cronica

Piornedo con Paso Miudo: cuando el camino se convierte en hogar
El fin de semana del 16 y 17 de Mayo 2026, el grupo de senderismo Paso Miúdo vivimos una experiencia de esas que dejan huella. Un total de 16 personas, incluyendo nuestro chófer, compartimos dos días de naturaleza, convivencia y desconexión en Piornedo, una pequeña aldea escondida en la vertiente gallega de la Sierra de Os Ancares, en la provincia de Lugo. Un lugar que, para quienes aún no lo conocen, es difícil de describir con palabras justas. Pero lo intentaremos.

Piornedo no es un destino cualquiera. Situada a más de 1.100 metros de altitud, en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Os Ancares, esta aldea de apenas 30 habitantes fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1931 y hoy es Bien de Interés Cultural. Lo que la hace única en el mundo son sus pallozas: construcciones de origen prerromano, con planta circular o elíptica y techumbre vegetal de paja de centeno, que durante siglos sirvieron a la vez de vivienda, establo y granero para las familias que habitaban estas montañas.
No son ruinas ni reconstrucciones de museo. Son edificios vivos, con más de 2.000 años de historia, que conviven con el paisaje como si siempre hubieran pertenecido a él porque, de hecho, así es.
El nombre del lugar lo dice todo: Piornedo viene de piorno, el arbusto de montaña que cubría estos valles y que sus habitantes usaban, junto al brezo, para hacer carbón. Una tierra que siempre supo aprovechar lo que la naturaleza ofrecía.
Nos hospedamos en el acogedor Hotel Piornedo, donde desde el primer momento nos sentimos como en casa. Queremos destacar especialmente la atención y cercanía de la dueña y de todo el personal, siempre pendientes de cada detalle, haciendo que la estancia fuera todavía más agradable. La calidad humana del lugar estuvo a la altura de la belleza del entorno.
Hay hoteles que te ofrecen un servicio, y hay hoteles que te hacen sentir en casa. Este es de los segundos, y tiene mucho que ver con la dueña del lugar, cuya atención, cercanía y dedicación convirtieron la estancia en algo especial. Desde la bienvenida hasta la despedida, cada detalle estuvo cuidado con un cariño que no se improvisa. Esa calidez humana que solo viene de quien ama profundamente lo que hace y el lugar en el que vive.
La cocina, el trato con el grupo, la disposición para hacer de nuestra estancia algo cómodo y memorable... todo habla de un lugar gestionado con orgullo y vocación. Si viajáis a Os Ancares, el Hotel Piornedo no es solo una opción de alojamiento: es parte esencial de la experiencia.
El clima: el regalo que no esperábamos; el día jueves 14 había nevado y el viernes hubo mucha lluvia, estábamos un poco preocupados con el tipo de clima que nos podría esperar en esos días, porque seamos honestos: cuando planificas senderismo en la montaña gallega, llevas el chubasquero siempre a mano y asumes que la niebla puede ser tu compañera más fiel. Por eso, lo que vivimos este fin de semana fue un regalo inesperado el clima fue simplemente espectacular, cielo despejado, temperatura agradable y unas vistas que parecían sacadas de una postal. Fuimos afortunados, y lo sabemos. Ese tipo de clima en la montaña no se reserva: se agradece.

Sábado: la ruta de la Pena do Oso
El sábado 16 estrenamos las piernas con la ruta de la Pena do Oso, un recorrido perfecto para entrar en calor y empezar a conocer el entorno. Partiendo desde el propio hotel, el camino se adentra en el Valle del río da Veiga Cimeira, un paisaje de prados verdes, agua cristalina y silencio que invita a respirar hondo y soltar todo lo que traemos de la semana.
La ruta, de dificultad moderada, ofrece perspectivas preciosas del circo glaciar que forman el Mustallar y las cumbres vecinas. Una manera suave —pero no por ello menos hermosa de dejar que la montaña te vaya ganando.
Domingo: la Cima del Mustallar

El domingo 17 tocaba el plato fuerte: la Cima del Mustallar, a 1.934 metros de altitud, el techo de Os Ancares y uno de los picos más emblemáticos de Galicia.
No hace falta decir mucho más. Quien ha estado allí arriba sabe lo que significa alcanzar una cima con el cielo limpio, el viento en la cara y el horizonte abriéndose ante ti hasta donde alcanza la vista. Y quien aún no ha estado... tiene una asignatura pendiente.
Subir el Mustallar con 15 compañeros —algunos más expertos, otros enfrentándose a retos así por primera vez— 6 de ellos se quedaron muy cerca de la meta, pero igual pletóricos y orgullosos de todo lo que habían logrado subir y disfrutar, el resto 9 coronaron la cima, fue uno de esos momentos que quedan grabados. Cada paso compartido tiene un peso diferente.
Pero más allá de las rutas y de los kilómetros recorridos, este viaje dejó algo todavía más importante: la sensación de conexión entre personas. Porque en grupos así ocurre algo curioso y bonito; aunque cada uno llegue con su propia historia, sus preocupaciones, su ritmo de vida o incluso sin conocerse demasiado, el senderismo tiene ese poder curioso de nivelarnos, consigue unirnos de una manera muy natural. En el camino no importa qué trabajo tienes, ni qué tienes pendiente el lunes. Importa el siguiente paso, el aliento del que camina a tu lado, la risa que surge de la nada en mitad de una subida exigente. Importa estar presente.
Compartimos conversaciones, silencios, esfuerzo, risas y momentos simples que terminan teniendo muchísimo valor.
Caminar por la montaña tiene algo casi terapéutico. Nos obliga a bajar el ritmo, a respirar distinto y a mirar alrededor. Durante unas horas dejamos atrás el ruido diario y simplemente nos dedicamos a avanzar, paso a paso, disfrutando del paisaje y de la compañía.
Vivimos en un mundo que no para, que nos exige atención constante, que convierte el descanso en culpa. Por eso, darse permiso para pausar de verdad pausar y conectar con la naturaleza, con el movimiento, con los demás, es casi un acto de rebeldía. Un acto necesario!
El Museo de las Pallozas: un viaje al pasado

Antes de emprender el regreso, hicimos una parada imprescindible: el Museo Etnográfico de las Pallozas, en la Palloza-Museo Casa do Sesto, habitada hasta 1970 y hoy perfectamente conservada para que el pasado pueda contarse.
Nos dieron una charla, alguien que vivió allí y sabe a ciencia cierta lo que significa la vida rural gallega, nos contó sobre cómo vivían las familias en estas estructuras prerromanas: cómo se organizaba el espacio entre personas y animales bajo el mismo techo, qué herramientas usaban, cómo se calentaban, cómo convivían generaciones enteras en un espacio que hoy nos parece mínimo pero que entonces era el centro del mundo. Los muebles, los utensilios, los olores imaginados... todo habla de una vida de montaña dura, sencilla y profundamente sabia.
Las pallozas son construcciones tradicionales de piedra con techos de paja, diseñadas para soportar los duros inviernos de Os Ancares. En ellas convivían personas y animales bajo el mismo techo, aprovechando el calor para combatir las bajas temperaturas. Más que viviendas, representan una forma de vida ligada a la montaña, al esfuerzo y a las costumbres rurales gallegas.
Salir de allí con otra mirada sobre lo esencial es casi inevitable.
Piornedo no sólo ofrece paisajes impresionantes; también conserva historia, tradición y una tranquilidad difícil de explicar si no se vive en persona.
Sin duda, un fin de semana lleno de naturaleza, aprendizaje, convivencia y buenos recuerdos.
Paso Miudo nació para eso. Para recordarnos que aunque la vida nos lleve por caminos muy distintos, siempre podemos encontrarnos en uno.
Gracias, Piornedo. Gracias, Hotel Piornedo y su maravillosa dueña. Gracias, Ancares.
Y gracias, compañeros de grupo, por hacer de cada salida algo que merece la pena contar.
Hasta la próxima ruta. 🥾

Rosangela Gonzalez

Powered by Wikiloc


Powered by Wikiloc

No hay comentarios:

Publicar un comentario